lunes, 9 de septiembre de 2013

Seguiré deseando que un día, después de mucho tiempo me digas
...que me prefieres a mí y a mi atrofiado romanticismo...
a mí y a mis ratos azules que entonan con tu electricidad circundante,
a mí, por sobre todas las cosas, todas, por sobre todos... los años.

Que mi frialdad en los días que vienen no sea más que una discontinuidad en esta historia;
un elemento de la evolución que solo tú y yo somos capaces de danzar, porque el tiempo corre...

No puedo evitar notar trazos de ti en mis letras... No puedo ignorar la voz de mi ojos, porque es la voz que canta cada viernes anhelando llegar a mi oídos... es tu voz.

Mi sonrisa también tiene trazos de ti. Mis ojos llevan tu luz (y siempre lo harán). Me quedo con lo mejor de ti (no por despojarte, sino como recuerdo) y lo mejor de nosotros, si es que alguna vez hubo uno.

Recuerdo que solías decirme que mis deseos confesos en papel eran como sentencias, que todo lo que alguna vez escribí se cumplía en nuestros días después de habernos vuelto a encontrar; los cielos lunados o estrellados pero contigo, las mañanas de café (aunque fueran virtuales)...
Nos recuerdo caminando por la avenida; la primera vez que te tomé de la mano, y nerviosamente te escabulliste... ¿te acuerdas? Y cómo me acerqué a tus labios para que me besaras, porque llevaba mucho tiempo deseando ese momento.

Cómo olvidar tu melodía, si fue lo primero que me atrapó, si fue el primer acorde de esta canción. Tu voz... como ninguna otra, acompasando mi sueño, haciendo danzar a mis entrañas, sacudiendo mi alma (si es que me quedará alguna...), moldeando mis labios, abrasando (sí, con s) cada centímetro de mí. No podría perderme el momento justo en que abres los ojos... después de perderte cantando y los fijas en mí, con una dulzura que me sacude, me desarma y me arma de nuevo de formas distintas, como si fuese los cristales de un caleidoscopio.

Todo eso me llevo... pero ¿y qué te llevas tú? (llévame a mí) Mis ojos, con todo y tu luz. Mi manera desenfrenada de amar... porque ésa, fue y será siempre solo de ti. Mis alas de nube, de mariposa, de ave... todas las que me permitan reflejarme en tu Cielo.

No sé que hagas conmigo después... pero al correr del tiempo yo sé, que quizás esto sea una canción de 432, de esas que vibran en la misma frecuencia del universo.


te ...

N.

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