De lo único que me declaro culpable es: de no haberte puesto todas las cartas sobre la mesa aquel día en que dije se acabó. Con todo y eso, no te diré que me arrepiento. No lo diré, aunque ahora me 'pese' que yo llore cada noche, y tú no. Mi orgullo herido (mi intelecto también).
Ahora que pienso que de cualquier forma te habría sido fácil olvidarme, me pregunto si realmente valió la pena haberme quedado con ese As bajo, muy debajo, de mi manga.
Niña llorona, ¿no era eso lo que querías?
Que te sacara de su vida lo más rápido posible y que no doliera (tanto), aunque tú te deshicieras cada noche en reproches a ti misma. En reproches que acababan en llanto porque 'eso era lo mejor'.
Ahora me pregunto si realmente te duele un tantito el que ya no esté yo...
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