martes, 3 de septiembre de 2013

Decirte que muero es poco. Decir que estoy craquelada por dentro es quedarse atrás. Que me mata tu silencio, que me ahogo en el llanto prisionero de mis ojos, tus ojos, que ahora pareces no querer mirar. ¿Es que decidiste colgarme en el olvido? Arrojarme lejos, echarme un manto encima... y ya. Fui tus letras, fui tu paz... hoy soy una mariposa negra que bate sus alas en la oscuridad... desesperada, no estás. 
Te busco y sólo encuentro el eco vacío de tu voz reciente, cada nota es un dardo que resuena aquí y acá. Ahora vibras en una frecuencia que está acabando conmigo; no te extrañe, si regresas, encontrar mis fibras rotas, mis ojos secos, mis manos heladas... mi sonrisa estelar congelada. Me senté a esperarte, y jurando cada instante que al siguiente ya vendrías, se me fue la noche... y de haber seguido, se me habría ido la vida. Qué suerte la mía de ser mariposa, pues fue lenta, pero corta mi agonía...

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