Es como si pedazos de mí se hubiesen quedado en las calles por las que anduve, en los museos que visité. Entonces me fragmenté. Y cada uno de mis sentidos atravesó por instantes caleidoscópicos distintos, para finalmente volver a juntarse en mí, pero ya no soy la misma.. nunca seré la misma (11:11).
Porque últimamente me despierto con ganas de andar esas calles de nuevo, de perderme ahí y en otros lugares. Quisiera volver al cornetto y capuccino de las 8 a.m, a las visiones de pintura en cada esquina. Donde entre todo el vaivén soy tan pequeña, que no soy nadie y a la vez soy todo lo que quiero ser. Y cuando por fin regreso a casa (donde sea que eso se encuentre), me doy cuenta de lo poco que hace falta para ser feliz. Tengo pocas constantes en mi vida, las atesoro y agradezco. Pero que vengan más variables también.
Que venga esa incertidumbre de no saber que encontraré en la siguiente calle, extraño ese placer de un atardecer en tierras (o aguas) extrañas, las bebidas que nunca probé..los idiomas que no sabía que existían y el ajetreo de un mundo ajeno a mí.
Porque como he dicho antes, no soy la misma. Estoy compuesta de experiencias distintas, de sabores, sonidos y lugares distintos... de personas también. Cada vez que viajo tengo más sentido. O al menos, me hago más sentido a mí misma.
-N.
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